Las bases para conquistarte y ganar autoestima.

por | Oct 14, 2016 | autoestima | 3 Comentarios

¿Quién no ha tenido momentos o épocas en su vida en las que te has sentido inferior, en las que te has mirado en el espejo y no te has reconocido o, incluso, has estado incómodo en tu propia piel? Yo sí, ¿y tú?

Déjame que te cuente una historia, la mía

Hace un tiempo cuando inesperadamente tuve que volver a mudarme a otro país, se me desestabilizó todo, sí, todo. Planeé las mudanzas, empaqueté todo, buscamos nueva casa, preparamos todo lo necesario para enviar nuestras pertinencias y nuestras mascotas. En un tiempo récord de un mes, y sin mucho tiempo para analizar qué estaba ocurriendo, nos fuimos a vivir una nueva aventura, una nueva vida.

Cuando aterrizamos a nuestro nuevo hogar, los primeros días fueron de vértigo: arregla la casa, sitúate en el vecindario, en el pueblo, en la ciudad más cercana, haz todo el papeleo necesario, etc. Todo esto en otro tiempo récord de 2 semanas. Y entonces es cuando llegó la realidad, yo y mi nueva situación, yo y mi vida. Nos habíamos mudado por el trabajo de mi marido, pero yo seguía sin trabajar de lo que yo quería. ¿Qué hacía con mi vida? Esta pregunta se repetía una y otra vez. Hacía dos años que tenía en mente este proyecto que ahora está en mis manos y que tú estás viendo. Mi voz interior me decía: “¿Por qué a mí?, ¿otro cambio?, ¿qué hago ahora? Estoy yendo arriba y abajo y no progreso en mi futuro laboral. Ahora que iba a empezar a hacer algo otra vez nos mudamos a otro sitio. Podría haber hecho cosas para ir avanzando, si no he hecho nada es porque no sirvo para esto”.  Llegué a pensar que mi futuro profesional ya no existía, que ya no tenía.  Hasta que dejé de hacerme caso, sí dejé de hacerme caso haciendo un stop y preguntándome: ”¿de verdad te crees todo lo que te estás diciendo?”. Pues no, no era verdad, podía hacer más cosas.

Mis pensamientos y  lo que me decía a mí misma hacía que mis sentimientos fueran muy negativos y que cada vez me gustara menos quien era, se estaba deteriorando mi autoestima. Tenía un mal concepto de mi persona, por consecuencia bajaba mi autoestima y se retroalimentaba más mi erróneo autoconcepto. Se convirtió en un pez que se muerde la cola, me dejaba arrastrar por mis pensamientos y no hacía nada  para cambiarlo.

Los síntomas de mi mala gestión y mi baja autoestima fueron saliendo a la luz: estaba triste, también enfadada, irritable, sin muchas ganas de hablar, sentía miedo por no conseguir lo que quería, a que si lo hacía sería  rechazado y fracasaría (otro día hablaremos de los miedos, que dan para otro artículo o más). Me miraba y no me gustaba lo que reflejaba, yo no era así. Escuché mis emociones y mis sentimientos, observé cómo me estaba viendo, cuáles eran mis pensamientos y qué no estaba teniendo en cuenta. Así cambié mi conducta, mi lenguaje interior y trabajé para que mi autoestima volviera a ser la que era.

Hablemos de autoestima

Antes de explicarte cómo lo hice te voy a contar un poco sobre qué es la  autoestima.

No me cansaré de repetir que tener una buena autoestima es una de las bases de nuestro bienestar  y, de este modo, conseguir los propósitos que nos marcamos.

La alta autoestima nos hace ser capaces de mostrarnos al mundo tal y como somos, sin tener que pedir perdón por ser así.

Todos somos seres únicos, diferentes y preciosos. TÚ TAMBIÉN

La autoestima no es estática ni se hereda

 

Nadie nace con la autoestima alta o baja, ésta se aprende a medida que vamos creciendo. Es muy importante nuestro entorno familiar, la educación recibida, las expectativas que se crean de nosotros y lo que nos va sucediendo a lo largo de la vida. Dicho de otra manera, si en nuestra infancia se cubre la necesidad de seguridad, de amor o de reconocimiento entonces creceremos con una fuerte autoestima.

Pero eso no quiere decir que no se pueda aprender a mejorarla, ya he dicho que ni es estática, ni se hereda. Así que la buena noticia es que trabajando los diferentes aspectos que la confluyen la autoestima  puede mejorar.

¿Qué es la autoestima y cuántos tipos hay?

La autoestima es el valor, el amor, el aprecio que nos tenemos, en qué medida queremos lo que sabemos de nosotros mismos, es decir, cómo queremos a nuestro autoconcepto.

Tipos de autoestima:

Alta autoestima:

Nos  sentimos dignos de ser valorados y queridos sin depender de la aprobación de los demás para sentirnos satisfechos.  Las conductas que realizamos son afirmativas y seguras.  

Tener una buena autoestima no significa que en ocasiones nos sintamos inseguros o nos veamos débiles, pero cuando nos sentimos así, por lo general, no nos machacamos y somos capaces de aceptarlo; somos conscientes de que forma parte de nuestro aprendizaje y desarrollo como personas.

Baja autoestima:

Necesitamos el beneplácito de los demás para sentirnos bien con nosotros mismos. Si tenemos la autoestima baja nos costará aceptar nuestras fortalezas y cualidades.

Si quieres hacer un ejercicio para encontrar tus cualidades y vivir tu día a día con ellas, mira este video.

Autoestima media o situacional:

cuando nos encontramos en entornos seguros, que dominamos, nos sentimos bien, con seguridad y sin la necesidad de aprobación. Por el contrario, aquellos entornos que no dominamos nos sentimos inseguros y necesitamos que nos valoren. Esto  se ve muy marcado y diferenciado, en los entornos que nos sentimos inseguros no somos capaces de tomar conciencia que forma parte del aprendizaje.

La autoestima es una base fundamental para nuestro desarrollo como personas, para relacionarnos con nosotros mismos y con los demás.”

 

¿Cómo lo hice?

Hoy voy a hablarte de dos puntos que para mí son claves para trabajar la autoestima.  Son los que trabajé en el momento que lo necesité y de los que más peso tienen en mis sesiones.

  1. Cómo te hablas
  2. Tus creencias

1. ¿Cómo te hablas?

Me encuentro, en bastantes ocasiones, con personas que tienen baja autoestima que cuando hablan de sus errores o de las cosas que les preocupan se culpabilizan a ellas mismas y se machacan, repitiéndose una y otra vez lo mal que lo han hecho y señalándose con el dedo: “tú has sido la/el culpable”, “mira que eres tonto/a”, etc… Siempre les  hago la misma reflexión: fíjate qué te estás diciendo a ti mismo, ¿le hablarías así a alguien a quien quieres que se hubiera equivocado? En casi todas las ocasiones me dicen que no; entonces ¿por qué te lo haces a ti mismo?

En mi caso, yo estaba dejando que mi lenguaje me boicoteara y en lugar de buscar soluciones, repetía y repetía el listado de mis errores y  lo que no había hecho. Estamos hablando de la autocrítica. Ésta tiene la función de ayudarnos a evaluar las situaciones que vemos difíciles y protegernos de los fracasos.  Pero existen dos tipos de autocrítica: una llamada patológica y otra llamada guía. A mí me gusta nombrarlas como la voz interior que te critica y la voz interior que te guía.  

La voz interior que te critica:

–  El tono es rígido y severo.

– El lenguaje que utiliza es distorsionado, usa generalizaciones, muestra que el error es tan grande que no podremos enmendarlo.

– Nos culpabiliza y nos castiga.

– Busca compararte con los demás para valorar que lo que has hecho está mal y, en cambio, al otro le ha salido bien.

 

La voz interior que te guía:

– Es más flexible y utiliza un tono más amable.

– El lenguaje es más objetivo y realista, describe la situación, nuestra conducta y posibles soluciones.  De esta manera, podemos valorar otros puntos de vista.

– En lugar de culpabilizarnos y castigarnos busca soluciones, ya que su objetivo es volver a una situación de bienestar y por eso buscará qué hacer.  Delante de un error podemos optar por tres alternativas:

                – Buscar cómo enmendarlo y arreglarlo.

                – Pedir perdón.

                – Dejarlo pasar por considerar que sus consecuencias no son muy graves.

– Te compara contigo mismo, en lugar de compararte con los demás te recuerda otras situaciones en las que has sido capaz de conseguir algo que te motiva para mejorar.

¿Cómo te hablas tú en situaciones difíciles o en las que te has equivocado?, ¿te criticas o te guías? Si eres de los primeros toma nota.

La clave es sustituir a la voz interior que te critica por la que te guía.

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Toma conciencia e identifica la voz interior que te critica:

                – fíjate en el lenguaje que utilizas al hablarte.

                – Fíjate en tus sensaciones y emociones. ¿Sientes opresión o alivio?

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Distánciate de la voz que te critica.

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La voz interior que te critica no eres tú, sólo es una parte de ti. Permítete expresar lo que estás sintiendo: enfado, frustración, etc.

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La voz interior que te critica te quiere proteger, entiende de qué. ¿Qué quiere que hagas?, ¿qué estás necesitando?

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Cambia la voz que te critica por la que te guía:

                – Escucha tus emociones y sentimientos,  acéptalos.

                – Cambia el lenguaje y el mensaje que te dices a ti mismo.

Pero no sólo lo que nos decimos nos ayuda o disminuye nuestra autoestima, las creencias sobre nosotros, sobre nuestras conductas, cualidades y  debilidades, también influyen en ella.

De esto te hablo, mucho más ampliado, en el video tuorial que te regalo por suscribirte a Life Training. ¿Lo quieres? Clica en la imagen y consígelo. A parte, también recibirás mi ebook para aprender a gestionar tus emociones delante de situaciones difíciles y acceso ilimitado al centro de recursos de mi blog. 

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2. Lo que crees se forja y marca tus conductas. Las creencias

Tanto si piensas que puedes, como si piensas que no puedes, estás en lo cierto” Henry Ford.

Las creencias son juicios arraigados que tomamos como certezas. Te lo explico.

A lo largo de nuestra vida vivimos experiencias de las cuales sacamos conclusiones y las generalizamos extrapolando estas conclusiones a cualquier situación similar. Cuando dichos juicios se refieren a nuestras capacidades, cualidades, defectos…. afectarán directamente a nuestra autoestima. Si los juicios que vamos sacando de nosotros mismos son negativos arraigaremos en nosotros creencias limitantes, certezas de nosotros mismos que nos impedirán afrontar retos y/o nos generarán inseguridades y miedos. Pero estas creencias no sólo se forman al largo de la vida y en nuestra infancia, de adultos seguimos generando creencias respecto a nosotros mismos. A partir de unos hechos u observaciones hacemos  interpretaciones que nos hacen llegar a unas conclusiones y juicios, de las cuales sacamos unas creencias y éstas condicionan nuestras conductas. Por ejemplo:

Vamos a tomar de ejemplo mi historia. Llevaba dos años intentando trabajar de lo mío como emprendedora.

– En 9 meses no lo había conseguido y ahora me tocaba mudarme otra vez, justo cuando quería empezar (hecho observable).

– Seguramente no pueda hacerlo ya que no lo he hecho durante todo este tiempo (interpretación).

– Es obvio que no lo he hecho bien durante este tiempo porque no he hecho lo suficiente y eso está mal (juicio).

– Está claro que no sirvo para esto y no voy a conseguir trabajar de lo mío (creencia).

Si me hubiera quedado con esta creencia, mis esfuerzos y mis capacidades para emprender hubieran disminuido  y corroborarían la creencia que no sirvo. Las creencias que nos vamos marcando influyen sobre la selección y la forma de interpretar los datos y observaciones la próxima vez, es decir, tiene lugar un proceso reforzador. En cambio, pude reinterpretar los hechos.

– Puse el foco más allá, no me quedé en lo que no había hecho.  “Estás en un momento de muchos cambios, puede que ahora tengas que ocuparte de otras cosas” (nueva interpretación).

– El juicio que emití fue otro y generó  otra creencia más potenciadora como:

                – Valgo como emprendedora ya que he conseguido muchas otras cosas (nueva creencia).

Y tú, ¿tienes creencias que te limitan? Encuéntralas y cámbialas por otras que te impulsen a crecer,  siempre tenemos que ir hacia arriba. De esta manera, cambiando mi lenguaje interior, guiándome en lugar de criticarme, detectando alguna creencia limitadora que me había inculcado y cambiándola por otra más potenciadora, conseguí que mi autoestima fuera subiendo y hoy puedo estar escribiendo mi propio blog y sentirme satisfecha por ello.

 

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Aida Moragues

Aida Moragues

Te ayudo a que aprendas a gestionar tus emociones y aumentes tu autoestima para conseguir llegar donde quieres y ganes bienestar emocional.

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